Las cenas de Navidad tienen un momento crítico: el de la sobremesa, cuando ya se ha comido demasiado y la conversación empieza a decaer (o a calentarse). Un buen juego salva la noche. Te proponemos ideas según quién esté en la mesa.
Cuando en la mesa hay abuelos, tíos y primos pequeños, lo ideal son juegos sin contenido adulto que todo el mundo entienda. Mímica Exprés es un éxito seguro: ver a la abuela imitando a un pingüino no tiene precio. ¿Quién soy? y Pasa la Bomba también funcionan para todas las edades.
Famosos por nombre da mucho juego en familia porque cada generación conoce a famosos distintos: el abuelo dirá «Manolo Escobar» y la prima, «Manolo García», y los dos valdrán.
En Nochevieja, después de las campanadas, el ambiente pide algo más animado. Impostor y El Espía son ideales mientras se espera para salir, y si el grupo es adulto, Más probable que y Yo Nunca Nunca dan para muchas risas (con moderación: queda mucha noche por delante).
¿Real o inventado? es perfecto para repasar el año: cada uno cuenta algo que le ha pasado en los últimos doce meses… o se lo inventa. Y ¿Qué prefieres? permite plantear dilemas sobre los propósitos del año nuevo: «¿Qué prefieres: ir al gimnasio todos los días de enero o no volver a comer turrón?».
Siempre hay quien prefiere mirar. Dale un papel: que sea el juez de Famosos por nombre, el que lleva el tiempo o el que decide si una mímica vale. Muchas veces acaba jugando a la segunda ronda.