No hace falta beber para que una fiesta sea divertida. En muchos grupos hay alguien que conduce, que no bebe o que simplemente no le apetece, y lo peor que puede pasar es que se quede fuera de los juegos. Estas ideas funcionan igual de bien con un refresco en la mano.
Impostor, El Espía y El Mentiroso son los reyes de las fiestas sin alcohol porque la gracia está en el debate: acusar, defenderse y pillar a quien miente. Funcionan con grupos de 4 a 12 personas y cada ronda dura unos minutos, así que se puede jugar toda la noche.
Mímica Exprés y ¿Quién soy? convierten el móvil en una frente parlante: lo pones en horizontal y el grupo te ayuda a adivinar. Palabras Prohibidas obliga a describir sin usar las palabras obvias, y Categorías Rápidas pone a prueba la velocidad mental. Ninguno necesita más que ganas de hacer el tonto.
Memoria de color, Al revés y Famosos por nombre son perfectos para grupos mixtos: se entienden en un momento, enganchan y dan pie a revanchas. Duelo de cifras en su versión de fiesta añade un punto de cultura general: quién se acerca más a la altura de la Torre Eiffel o al número de huesos del cuerpo.
Incluso los juegos pensados para beber se pueden jugar sin alcohol. Cambia cada trago por una penitencia divertida (cantar, imitar a alguien, hablar con acento), por un punto en contra o por un vaso de agua. Lo importante es que la consecuencia exista: sin ella, el juego pierde chispa.
Si juegan menores, quedaos con los juegos que no son de beber y evitad los mazos picantes o +18. Pasa la Bomba, Mímica Exprés, ¿Quién soy?, Memoria de color y Famosos por nombre funcionan de maravilla en reuniones familiares y en cumpleaños.